Sainte-Soline, una pequeña localidad rural francesa situada entre Poitiers y Burdeos, se convirtió hoy en escenario de una batalla campal con violentos enfrentamientos entre activistas radicales y gendarmes. Miles de personas -entre 6.000, según la prefectura, y 30.000, según los organizadores- y decenas de tractores acudieron a este pueblo para protestar contra la construcción de una balsa de riego para la agricultura a pesar de que las autoridades habían prohibido la cita.

Entre los asistentes pacíficos se infiltraron unos mil militantes de «la ultraizquierda y la extrema izquierda» de «una extrema violencia», denunció el ministro del Interior, Gérald Darmanin, en línea con lo que ha ocurrido en las movilizaciones contra la reforma de las pensiones en todo el país. Según sus datos, 24 gendarmes y siete participantes -los organizadores de la protesta elevan la cifra a decenas- en la marcha resultaron heridos. Un agente y un manifestante se encuentran en estado grave. Un fotógrafo del diario regional ‘Sud Ouest’ sufrió lesiones en la cabeza por el impacto de piedras y en una mano tras alcanzarle un cóctel molotov. En total hubo 15 detenidos y bolas de petanca, hachas, bombonas de gas, machetes, cuchillos o material inflamable entre los objetos incautados.

Los activistas más radicales lanzaron contra los gendarmes tiros de mortero, cócteles molotov y proyectiles diversos. Los agentes respondieron con cañones de agua y gases lacrimógenos, pero cinco de sus vehículos quedaron totalmente calcinados. «Incalificable, insoportable. Nadie debería tolerar esto. Apoyo total a nuestras fuerzas del orden», escribió Darmanin en una red social. El responsable de Interior exigió que todos los representantes políticos «condenen con la mayor firmeza y sin la menor ambigüedad» la violencia en Sainte Soline. La Francia Insumisa, el partido izquierdista de Jean-Luc Mélenchon, denunció la fuerte represión policial hacia los manifestantes.

«¿Cómo milicias de ultraizquierda armadas, en parte llegadas del extranjero, provistas de explosivos, con intenciones tan previsibles, han podido converger hacia Sainte-Soline para atacar a gendarmes, agricultores y periodistas? Este Gobierno ha perdido el control», opinó Jordan Bardella, presidente de Reagrupación Nacional, el partido ultraderechista de Marine Le Pen. Éric Ciotti, al frente de Los Republicanos, la derecha moderada, comparó a los manifestantes con «terroristas». «Quieren acabar con Francia. Ya es hora de combatirles», reclamó.

Las autoridades francesas habían movilizado a 3.200 gendarmes y policías para esta protesta que consideraban de alto riesgo, ya que se esperaba la presencia de 1.500 radicales venidos de otros puntos de Francia y del extranjero. La manifestación había sido organizada por el colectivo Bassines non merci (Balsas de riego no gracias), el movimiento ecologista Soulèvements de la Terre y la Confederación Campesina. «No pasarán», gritaron varios de los organizadores en español antes de que comenzara la manifestación.

El proyecto de una balsa de riego en Sainte-Soline, promovido por los agricultores de la zona, cuenta con el apoyo del Gobierno francés y las autoridades locales. Su construcción serviría para recoger en invierno agua para utilizarla en verano y regar los cultivos en caso de sequía o de restricciones. Sus detractores denuncian que unos pocos acaparen tanto agua para la agroindustria o la agricultura intensiva.